Las nuevas tecnologías de la comunicación al servicio de una comunidad cuya particularidad es la apertura de conciencia y la constante necesidad de estímulo, es un reto que se nos presenta ante el futuro próximo en que las naciones del mundo se organizan para la legislación y aprovechamiento de la planta de Cannabis.

En este marco la realidad aumentada se nos presenta como lenguaje expresivo idóneo. Pronto veremos la aplicación de estas tecnologías en todos los sitios relacionados con nuestra materia de estudio, el aprovechamiento humano de la planta de cannabis. Lamentablemente, como ha sucedido siempre en todos los ámbitos, el mono se maravilla con el objeto sin comprender su mediación con el sujeto. Así, el uso que hoy se le está dando a los recursos que están a nuestro alcance es muy rudimentario.

El potencial de las herramientas será bien aprovechado cuando se comprenda el fundamento conceptual de estas tecnologías en nuestra cultura y especialmente en la cultura cannábica.

Claro, existe una cultura cannábica y quienes la integramos damos cuenta de ella. Una cultura integrada por los miembros más diversos, divergentes y variables en cada contexto. La constante es contundente: la expansión de la conciencia.

El consumo de psicotrópicos produce un estímulo en el funcionamiento de nuestro pensamiento y esto permite una mayor percepción y comprensión de los fenómenos que nos rodean. Así, al comprender lo que está oculto estamos haciendo ejercicio de nuestra capacidad humana más vinculante: la inteligencia.

La inteligencia es a todas luces la capacidad de «leer entre líneas» la realidad que se nos expone a los sentidos. En este sentido resulta interesante reflexionar sobre las clasificaciones en que se ha dividido la inteligencia, que por momentos parece tendenciosa o autocomplaciente. Nos recuerda los objetivos de la nociva división de tareas y especificación industrial que limita a cada individuo para convertirlo en incapaz de resolver por sí solo todas las etapas de un proceso de producción de bienes o servicios. Estas clases han sido tipificadas de la siguiente manera:

  1. Inteligencia lingüística.
  2. Inteligencia lógico-matemática
  3. Inteligencia espacial
  4. Inteligencia musical
  5. Inteligencia corporal y cinestésica
  6. Inteligencia intrapersonal
  7. Inteligencia interpersonal
  8. Inteligencia emocional
  9. Inteligencia naturalista
  10. Inteligencia existencial
  11. Inteligencia creativa
  12. Inteligencia colaborativa

Pero si estuviésemos de acuerdo con esta restricción de la inteligencia, este cerco, aún así tenemos que asumir que está claro que nadie puede ser virtuoso en una sola de estas categorías sin poseer algunas o todas las otras.

El estímulo que produce el THC a nuestra sinapsis (cuyo vehículo químico contiene cannabinoides molecularmente idénticos a los que extraemos de la planta de cannabis) acentúa y agudiza nuestro potencial intelector. Claro que cuanto más se ejercita y cultiva esta capacidad humana es más probable que el resultado de la experiencia sináptica produzca como resultado la expansión de la conciencia que nos permite franquear el constructo que nos han inoculado bajo el título totalitario de «realidad».

Al poner en crisis la realidad establecida y comprender el concepto de «persona» (palabra griega que significa «máscara» y curiosamente los antiguos griegos utilizaban la palabra «átomo» para nombrar lo que hoy llamamos persona) nos situamos en un plano de libertad que permite estimular todas las capacidades de nuestra inteligencia (tal vez sean 12, tal vez 8 u 8.000) e inconscientemente percibimos la verdad en múltiples posibilidades, en paradigmas paralelos. Es frecuente percibir así la matriz y su flexibilidad real.

Nuestra inteligencia percibe imágenes (estímulos sensoriales) y los traduce al lenguaje, como forma de organizar lo que conocemos como pensamiento. Y es entonces el pensamiento una forma de comunicación, como lo es la sinapsis. Cuanto más compleja es la codificación de esta comunicación (el pensamiento) más información contiene y transporta.

Por eso en Juana estamos trabajando en un proyecto basado en inteligencia artificial que sigue las pautas de una forma de pensamiento cannábico o psicotrópico. Creemos que debemos poner a la tecnología al servicio de nuestra comunidad y que esta no sea únicamente un recurso de las multinacionales del control social. Si partimos de objetivos más saludables, humanistas y filantrópicos que los capitalistas fines de las «redes sociales» que han creado los poderes fácticos, el proceso nos lleva al perfeccionamiento de una idea superadora.

La inteligencia artificial puede programarse para realizar procesos a altísima velocidad y contemplando muchísimas lecturas de un mismo estímulo, así que la podemos poner al servicio de una integración intelectual de la diversidad de pensamiento que caracteriza a la comunidad cannábica. Y el resultado, con un proceso experimental de por medio, nos permitirá comunicarnos positivamente, saltando las diferencias y fortaleciendo nuestros puntos en común.

La aventura es apasionante para nuestra inteligencia natural y por las posibilidades de hacer el bien. Todo el pensamiento colectivo nos dará los más profundos argumentos para que cada uno de nosotros y nosotras pueda vivir su conciencia con la plenitud de ponerla al servicio de su entorno social, familiar y afectivo.

Apenas estamos comenzando.

Felipe Ibañez
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