El cannabis ha sido una planta medicinal de incomparable versatilidad durante milenios (Mechoulam, 1986; Russo, 2007; 2008), pero cuyos mecanismos de acción fueron un misterio sin resolver hasta el descubrimiento del tetrahidrocannabinol (THC) (Gaoni y Mechoulam, 1964a), el primer receptor cannabinoide, CB1 (Devane et al., 1988), y los endocannabinoides, anandamida (araquidonoiletanolamida, AEA) (Devane et al., 1992) y 2- araquidonoilglicerol (2-AG) (Mechoulam et al., 1995; Sugiura et al., 1995).

Mientras que una gran cantidad de fitocannabinoides se descubrieron en la década de 1960: cannabidiol (CBD) (Mechoulam y Shvo, 1963), cannabigerol (CBG) (Gaoni y Mechoulam, 1964b), cannabicromeno (CBC) (Gaoni y Mechoulam, 1966), cannabidivarina (CBDV ) (Vollner et al., 1969) y tetrahidrocannabivarina (THCV) (Gill et al., 1970), el abrumador predominio de la investigación centrada en el THC psicoactivo se ha quitado protagonismo a otras sustancias importantes dentro de la planta.

Solo recientemente se ha manifestado un interés renovado en los análogos del THC, mientras que otros componentes clave de la actividad del cannabis y sus extractos, los terpenoides del cannabis, siguen sin estudiarse (McPartland y Russo, 2001b; Russo y McPartland, 2003). La revisión actual reconsiderará los agentes de aceites esenciales (AE), su farmacología peculiar y las posibles interacciones terapéuticas con los fitocannabinoides. La nomenclatura sigue las convenciones de Alexander et al. (2009).

Figura 1

Los fitocannabinoides y terpenoides se sintetizan en el cannabis, en las células secretoras dentro de los tricomas glandulares (Figura 1), que se concentran más en las flores femeninas no fertilizadas antes del envejecimiento (Potter, 2004; Potter, 2009). El pirofosfato de geranilo se forma como un precursor a través de la vía de la desoxilulosa en el cannabis (Fellermeier et al., 2001), y es un compuesto original de los fitocannabinoides y terpenoides (Figura 2).

Figura 2

Después de acoplarse con ácido olivetólico o ácido divarínico, los ácidos cannabinoides pentilo o propilo se producen, respectivamente, a través de enzimas que aceptan cualquiera de los sustratos (de Meijer et al., 2003), una manifestación de la ‘Ley de la tacañería de la naturaleza’ postulada por Mechoulam. Aunque tienen importantes propiedades bioquímicas per se, las formas ácidas de los fitocannabinoides se descarboxilan con mayor frecuencia mediante el calor para producir los fitocannabinoides neutros más familiares (Tabla). Alternativamente, el pirofosfato de geranilo puede formar limoneno y otros monoterpenoides en los plástidos de células secretoras, o acoplarse con pirofosfato de isopentenilo en el citoplasma para formar pirofosfato de farnesilo, compuesto original de los sesquiterpenoides, que interactua con el receptor de potencial transitorio de vainilloide (TRPV) 1 en humanos. ganglio de la raíz dorsal, lo que sugiere un papel en el procesamiento sensorial de estímulos nocivos (Bradshaw et al., 2009), y que es el ligando endógeno más potente hasta la fecha en el receptor acoplado a proteína G (GPR) 92 (Oh et al., 2008 ). 

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  • Texto adaptado y traducido por Hugo Azcona y Bryan Custodio. Texto basado en la tesis de Ethan Rousso : de https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3165946/
  • Foto de portada: @picture_fotografie