Cuando vemos un cogollo de cannabis estamos presenciando el fruto de una fotosíntesis mágica, que ha sido empleada por el Ser Humano durante miles de años. Y sin embargo vemos también “un oscuro objeto de deseo”, una suerte de placer prohibido parece estar obligatoriamente asociado a ella.

Claro que esto no ha sido siempre así. Y la prohibición no es tan antigua como la desinformación nos hace creer, pues coincide concretamente con el proyecto cincuentista de un poder político/económico (o viceversa) que se erigió con las ganancias de la Segunda Guerra Mundial. Pero hay algo más interesante aún y es el gran motivo del inicio de su persecución.

Unas siglas que lo dicen todo.

No es muy difícil rastrear los orígenes del poder económico que funda New York como sede americana de una construcción destructiva que había surgido hacía poco tiempo del otro lado del Atlántico.

Las siglas que nos interesan son las del NYLON (New York – LONdon), un producto que estaban intentando imponer en forma global desde que en 1938 DuPont adquiriera la patente del invento. Claro que tenían una gran dificultad, pues ya existía una materia prima ecológica, biosustentable, hipoalergénica, más resistente y saludable que el CÁÑAMO, pero el problema para esta gente era que las industrias del cáñamo más pujantes se encontraban en países “inmanejables” para ellos, como España.

Y es que España ha liderado durante siglos la industria del cáñamo a nivel mundial, la que empleaba a miles de familias e incluso ha llegado a ser una importante fuente de ingresos públicos.

Así es que se instruye a la Organización Mundial de la Salud para que sea incluida la Cannabis en la categoría de “droga” y parte de la humanidad se habituó a creer en el engaño. Hasta puedes encontrar hijos y nietos de aquellas miles de familias que fueron despojadas de su histórico sustento (asociado a la industria española del cáñamo) quienes repudian al cáñamo, en una curiosa muestra de ignorancia sobre sus propios orígenes y la demonización sistemática cuyo eco resuena en parte de la sociedad. Aunque es evidente que esto está empezando a cambiar.

Muchas sociedades fueron desnaturalizadas con la prohibición, porque hay culturas y religiones para las que el consumo de cannabis y sus efectos psicotrópicos son tradicionalmente valorados, como el taoísmo japonés (con sus plantaciones sagradas de Kyoto), cuya liturgia es inseparable del consumo de Cannabis, lo que (según nos ha explicado un monje de Tokyo) disuadió a los estadounidenses de bombardear Kyoto, pues es allí donde se encontraban las mayores plantaciones de cannabis y su destrucción habría hecho imposible una pacificación futura. Desgraciadamente, desde 1948 los Estados Unidos de Norteamérica imponen la prohibición y persecución que rige hasta hoy.

Hoy, cuando todos despertamos a la luz de que los únicos esfuerzos que salvarán el mundo son los que hagamos abrazados a la naturaleza, la humanidad se “detiene” en las materias primas naturales y sustentables. Y tanto el cáñamo como el bambú se nos ofrecen como la mágica respuesta que siempre nos devuelve el Planeta a todas nuestras súplicas. La solución a casi todos los problemas ambientales está en desandar lo que llevamos siglos haciendo mal y reparar los daños producidos.

El cáñamo es una fibra extremadamente duradera, resistente y al mismo tiempo puede hilarse y tramarse con resultados suaves como la seda. Es hipoalergénico natural. Filtra los rayos UV. Es antibacterial (lo que impide la proliferación de bacterias que producen el mal olor) y reduce la necesidad de lavado, disminuyendo la cantidad de agua que se contaminará en cada lavado.

Su cultivo no daña el suelo y, al igual que el bambú, no se tala, sino que se cosecha, así que no desertiza ni desmineraliza la tierra como otras materias primas textiles con que nos vestimos a diario, contribuyendo (en el intento de satisfacer una simple necesidad básica, como el abrigo) a perjudicar nuestro ecosistema, financiando una industria de explotación humana.

Si has vestido una camisa o ropa interior confeccionada con fibras de cáñamo bien hilado no puedes dejar de reivindicar esta nueva mentalidad que podría despertar al mundo por el bien de cada ser vivo.

No fue sino hasta los años de la psicodelia cuando los custodios de la oscuridad descubrieron que los efectos del THC masificado podrían producir una apertura mental generalizada que dificultaría sus planes, lo que (a mi entender) sumado a los beneficios que les produce el narcotráfico y la prohibición, retrasan un adulto tratamiento del tema y la atención que merecen sus riesgos potenciales.

Ya hace tiempo que la OMS comenzó a reconocer los beneficios de la planta de cannabis y en 2018 “amenazó” con desclasificarla como una droga. Este año se reconocieron pública y unánimemente sus beneficios medicinales y todo el mundo se organiza para la legislación estratégica de un gran negocio que al parecer volverá a caer en manos de las minorías.

Tal vez hoy debamos dejar de hablar en términos de “uso recreativo” y retomar el debate sobre nuestras libertades individuales en un paradigma de postverdad a ultranza. Pues la mentira aunque pudiera ser cómoda nunca se convertirá en verdad.