Por Isidro Marín Gutiérrez y Mónica Hinojosa Becerra

 @Moni_Hinojosa    @isidromarin

Los orígenes del consumo de cannabis se remontan a la prehistoria. La planta es originaria de la región desértica al sureste del mar Caspio. El cannabis pertenece a la familia Cannabaceae del orden de los rosales y de subclase Rosidae. Esta subclase se remonta a unos 100 millones de años. No es nuestra intención dar una información botánica sobre la antigüedad del cannabis. Tampoco somos botánicos, por lo tanto nos referiremos a ella en su relación con el hombre. Esta larga historia comienza con los humanos primitivos que poco a poco fueron descubriendo las plantas comestibles y las que tenían propiedades terapéuticas. Éstas, a partir del periodo Neolítico, las cultivaron. El cannabis se extendió desde sus centros salvajes originales hasta lugares poblados por humanos. Así comenzó esta relación de amor-odio de miles de años.

Desconocemos quién fue el primer consumidor de

. Existen autores que afirman que el inicio de la humanidad está emparentado con el inicio del consumo de estas plantas. Hay autores que afirman que el consumo de estas plantas enteógenas de nuestros antecesores ha sido decisivo para nuestra evolución. Por ejemplo Mckenna (1993:49) afirma que las drogas han propiciado el desarrollo del cerebro humano. A partir del Homo Habilis han surgido mutaciones del cerebro como efecto del consumo de plantas psicoactivas. Les ayudó a mejorar su capacidad para procesar la información. Mckenna se centró posteriormente en los hongos psilocibios a los que considera como los principales responsables del proceso de expansión del tamaño del cerebro humano. Provocándoles un aumento de la agudeza visual, el aumento del estímulo sexual y del conocimiento del éxtasis chamánico (Mckenna, 1993: 50-54). Mckenna va a apuntar la relación entre el consumo de sustancias psicoactivas con la rapidez en la evolución cultural de una sociedad. Al estudiar el papel tan importante que juega los alucinógenos en la evolución humana debemos de encontrar un punto de equilibrio entre aquellos autores que niegan su existencia en la más lejana antigüedad o aquellos que ven la mano de las drogas en cualquier manifestación artística prehistórica. Debemos ser fríos a la hora de analizar todos y cada uno de los vestigios que conservamos de aquella época. Y desconocemos si anteriormente los primates que consumían plantas psicoactivas fueron los primeros de la clase. 

La cueva de Shanidar

La documentación para apoyar la existencia del consumo de plantas psicoactivas en el Paleolítico (que comenzó hace 2,85 millones de años y finaliza aproximadamente hace 10.000 años) es muy escasa pero no hay motivos para negar esta existencia. Es normal pensar que la humanidad descubriera los efectos psicoactivos de diversas plantas que tenían a mano y que los utilizasen para distintos fines (como son los religiosos, los medicinales o los lúdicos). Durante el Paleolítico, los datos que tenemos de los arqueólogos, sobre este consumo son muy escasos. Por ejemplo, la cueva de Shanidar en el Kurdistán iraquí se excavó entre 1957 y 1961. Encontraron esqueletos de neandertales que databan de entre 60.000 y 80.000 años. Se descubrieron 10 esqueletos en total. Los restos parecen sugerir que los neandertales tenían ceremonias fúnebres enterrando a sus muertos con flores (Solecki, 1971). Algunos cuerpos de homo neanderthalensis masculino adulto fueron enterrados con muchas especies de diferentes flores y hierbas. La mayoría eran flores de vivos colores (Leroi-Gourhan, 1975:562), entre ella la efedra. La efedra que es un estimulante similar a la anfetamina cuya sintomatología es la euforia y la eliminación del cansancio. Ideales también para un cazador paleolítico para estimularlo a resistir las cansadas jornadas de caza. 

El yacimiento de la Península Ibérica de la Cueva del Juyo (Igollo de Camargo, Cantabria) puede que sea el lugar sagrado más antiguo del mundo según diversos especialistas (Barandiarán et al., 1985: 143-144). Los objetos hallados del periodo magdaleniense inferior fueron sometidos a las famosas pruebas del carbono 14. Estos análisis confirmaron la teoría de la existencia de que esta cueva se pudiera remontar hasta 14.000 años. La cueva contiene una losa parecida a un altar y una cabeza de piedra, mitad humana y mitad felina. También descubrieron en la cueva semillas de adormidera en un depósito de ofrendas indicando que la adormidera había tenido una función ritual y que estas personas conocían de los efectos del opio (Guerra Doce, 2006).

Los fosfenos prehistóricos

Además de tener las pruebas de restos de semillas en lugares sagrados o enterramientos que indican el conocimiento de estas sustancias existen investigadores que afirman que diversos motivos artísticos del Paleolítico superior fueron resultado del consumo de sustancias que produjeron en sus autores estados alterados de conciencia (Clottes y Lewis-Williams, 2001). Por ejemplo los fosfenos o motivos entópicos que son representaciones geométricas de fenómenos caracterizados por la sensación de ver manchas luminosas causados por la estimulación de la retina gracias al consumo de sustancias, entre ella el cannabis. El que ha consumido por fin abre los ojos de un nuevo mundo vetado para otros no preparados. Estos tienen fotofobia porque se dilata la pupila. Por eso encontramos muchos fosfenos en cuevas y en lugares oscuros. Así el arte y todas las religiones chamánicas se relacionan con el uso de estas sustancias. Estas imágenes luminosas y geométricas son como causa de la autoiluminación del campo visual y se produce en el cerebro. La visión de esta realidad por parte de aquellos que consumían estas sustancias era plasmada en su arte pictórico mientras estaban en trance, que posteriormente serán reinterpretados por mitos. Curiosamente estos fosfenos son universales en todas las culturas y van a indicar aspectos de la vida de una tribu como son sus orígenes, la fertilidad, las leyes, la astronomía o los ciclos estacionales. Estos fosfenos y sus significados van a ser memorizados por los chamanes que serán capaces de leer e interpretar su mensaje.

El cannabis en el Neolítico

El cannabis es originario de Asia central y se comienza a cultivar en el Neolítico (7000 a.C.-3000 a.C.) difundiéndose hacia el este (China) y posteriormente hacia el oeste (Rudgley, 1999). Parece claro que el cannabis llegó a la zona europea en el Neolítico y alcanzando su extremo más occidental en un periodo levemente posterior. No podemos saber si fue la mano del hombre la que propagó sus semillas o fue una difusión natural del cáñamo silvestre (Marín Gutiérrez, 2003).

Pero en el Neolítico aparece un hecho revolucionario y es la agricultura. Principalmente era para conseguir el sustento alimenticio, gracias a los cereales. Pero poco a poco la población va necesitando otros recursos (para medicinas, aceites, fibras o especias) así que van domesticando otros vegetales. Se comenzó a domesticar la adormidera y el cannabis como plantas oleaginosas y como repelente de insectos (Poyato, 2000). Posteriormente en el Calcolítico (III Milenio-II Milenio) se difunde más por todo el territorio europeo llegando hasta la fachada atlántica (Kebors, Francia) y el sur de la Península Ibérica (Abrigo de los Carboneros). Durante la Edad del Hierro (1000 a.C.-100 a.C.) el cannabis se utilizó en las ceremonias sepulcrales de la aristocracia hallstáttica (800-450 a.C.). Utilizaron, dependiendo del rito, alcohol, cannabis, leche materna, miel, hidromiel, aceite o vino en grandes vasos. Vertían parte del contenido para que formase parte de la tierra y bebieran las deidades. 

También se utilizaba cannabis para quemarlo y consumir su humo para alcanzar estados místicos (Eliade, 1976). Durante este periodo se practicaban libaciones rituales para ritos de paso e iniciación y conseguir así un nuevos estatus en su sociedad. También para iniciación de fratrías guerreras o como iniciaciones sacerdotales. Esta humarada cannábica llevaba al iniciado al alcanzar estados alterados de conciencia en el transcurso de estos determinados rituales de paso o de iniciación (González-Alcalde, 2009:98). 

Existen autores que afirman que el cannabis no llegó a la zona europea hasta la Edad del Hierro y que con el imperio romano se expandió su cultivo alrededor del siglo I. Otros autores como Sherratt (1987) opinan que el cannabis llegó a la zona europea en el Tercer milenio gracias a la expansión de los grupos del Ánfora Globular (3400 a.C.-2800 a.C.), de la Cerámica Cordada (6000 a.C.- 2350 a.C.) y la cultura del Vaso Campaniforme (2400 a.C.-1800 a.C.). Pero el cannabis en estas culturas perdió su lugar como embriagante por las bebidas alcohólicas y como fibra textil por la lana de oveja. De modo que el cannabis quedó relegado hasta la llegada de los romanos que utilizaron el cannabis para la elaboración de las cuerdas en el siglo I a.C. (Guerra Doce, 2006). 

La utilización del cannabis por diferentes culturas

Los análisis polínicos indican que desde el Neolítico existe cannabis en el norte de Grecia (Bottema, 1982:257) y también en el norte de Italia (Drescher-Schneider, 1990:91) así como en el Mediterráneo occidental. En el Abrigo de los Carboneros (Totana, Murcia) encontramos el enterramiento del periodo Calcolítico de una mujer que estaba tumbada sobre unos tablones de madera de nogal, cubierta de una estera de cáñamo y su cabeza estaba envuelta con una venda de cáñamo (López García, 1988:335-345).  

Los lugares en donde encontramos los primeros restos de cannabis de este periodo son en Rumania en los municipios de Frumusica, Gurbanesti y Teiu (Sherratt, 1991:351); en Mohelnice (Checoslovaquia), varias cerámicas de las culturas Lengyel y Polgár (5000 a.C.) presentan impresiones de cáñamo; en Polonia; en Alemania en el municipio de Eisenberg; en Austria en el municipio de Bad Vöslau; o en Suiza, en Burgäschisse, Egolzwil y Thayngen-Weier. En Francia en la galería cubierta de Men-ar Rompet, en Kerbors (Cótes-d’Armor, Francia) donde han aparecido fibras de cáñamo adheridas a fusayolas (elementos cerámicos o pétreos perforados para hacer collares), lo que constituye una fuerte evidencia de la difusión del cáñamo por Europea durante el Tercer milenio. 

Sherratt (1987) afirma que el cannabis era conocido en el 3000 a.C. no solo por sus propiedades de obtención de fibra, sino también por sus propiedades enteógenas. Su idea fue confirmada tras el hallazgo en Gurbăneşti (Rumania) de una tumba de la cultura de Kurganes o de Yamna (5000 a.C.-3000 a.C.) que cubrían todas las estepas del mar Negro. Se descubrió un brasero que contenía semillas carbonizadas de cannabis (Sherratt, 1991: 53). Es muy probable que la aparición de estas semillas carbonizadas indique que nos encontremos ante los desechos de la combustión de cogollos de cannabis (Rudgley, 2000: 195). 

Durante la Edad del Bronce, encontramos el complejo arqueológico Bactria-Marguiana (2200-1700 a.C.), y en la cual se localiza hoy en Turkmenistán, norte de Afganistán, sur de Uzbekistán y oeste de Tayikistán, en la que se centra sobre el río Amu Daria (el Oxus de los antiguos griegos). Bactria fue el nombre que recibió de los antiguos griegos. Sarianidi excavando en Gonur, en el delta de Murgab, en su templo, en el santuario interior para el sacerdocio, concretamente en una habitación privada encontró tres vasijas de cerámica. En el análisis de muestras encontradas realizado por el profesor Mayer-Melikyan en 1976 reveló rastros de efedrina y cannabis. Esto apunta a su utilización ritual en contextos religiosos (Sarianidi, 1993).

El cannabis también se utilizó en el periodo neolítico en Europa para la fabricación de mechas en las lámparas para mineros. Pero también en las minas se realizaban ritos para lograr la protección de los dioses en el difícil arte de extracción de minerales. Existían pequeños altares dentro de las minas para honrar a los dioses del Neolítico. En estas minas neolíticas (entre el IV Milenio y en III Milenio) se encuentran vasos antropomorfos receptores de sustancias gratas a las divinidad femenina, Madre Universal, para atraer su ayuda en la mina (Cardito Rollán, 1995:34).

Los cuencos polípodos en Europa oriental

Estas cerámicas fueron utilizadas a modo de incensarios durante el Tercer Milenio principalmente dentro de la cultura kurgana (desde el V milenio a. C. al III milenio a. C.) pero se distribuyó por el resto de culturas vecinas. Conocemos este dato ya que se han descubierto con carbones y ceniza en su interior. Son piezas de carácter ritual hallados en tumbas y en catacumbas. Estos cuencos, con diversas “patas”, están decorados interiormente por incisiones, entre las que destacan improntas de cuerdas, creando imágenes de soles o estrellas. Su difusión es amplia ya que se originan desde las estepas pónticas hacia el oeste, pasando por los Cárpatos, norte de Italia, Cerdeña, Austria y el sur de Alemania (Marín Gutiérrez, 2016). 

Sherratt (1991: 54) afirma que eran quemadores de cannabis. Primero porque el origen de la decoración cordada en el Tercer Milenio se encontraba en las estepas euroasiáticas, principalmente en la cultura Sredni Stog (4500 a.C.-3500 a.C.) en la región de Zaporozhye de Ucrania, cerca de donde se situó el hábitat primigenio del cannabis. Estos cuencos, con impresiones de fibra de cáñamo, daban una idea de la importancia de esta sustancia entre los pueblos lugareños. Y segundo porque pueblos posteriores que vivieron en las mismas tierras en el siglo V a.C., como fueron los escitas, según los pasajes del historiador griego Herodoto inhalaban los humos del cannabis.

Se han hallado estos cuencos polípodos en Gurbăneşti de la cultura kurgan, de finales del Tercer Milenio que contenían semillas carbonizadas de cannabis, así como otro cuenco procedente de un enterramiento del período del Bronce antiguo en el norte del Cáucaso (Sherratt, 1991: 53).

Así podemos asegurar que el cannabis se fue expandiendo gracias a tribus indoeuropeas desde el 4000 a.C. hasta el 1000 a.C. La civilización de los Kurganes o cultura Yamna (IV –III Milenio a.C.) abarcaron todas las estepas del mar Negro y el mar Caspio, justo el territorio original del cannabis. Posteriormente aparecieron culturas híbridas que se expandirán aún más gracias al uso del caballo y del carro, y las semillas de cannabis realizaron este viaje con ellos. Estas culturas híbridas son, por ejemplo, la Cultura de las Ánforas Globulares o las culturas indoiranias. Pero el desarrollo de estas civilizaciones es ya otra historia. 

Bibliografía
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  • López García, P. (1988). Estudio polínico de seis yacimientos del sureste español en Trabajos de Prehistoria. (45), 335–345. https://doi.org/10.3989/tp.1988.v45.i0.620 
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  • Solecki, R. (1971). Shanidar: The First Flower People. New York, Knopf.
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