Desde el año 2000 soñaba con maridar la tecnología en mi fumar cotidiano, con el objetivo de que la inventiva beneficie a mi salud. Porque la marihuana es parte de mi vida y mi terapia de supervivencia a las hostilidades del mundo.

Hace unos doce años un amigo me envió un iolite de Irlanda y comencé a realizar el mito de consumir cannabis en la puerta de una comisaría.

Fumar es un placer, vapear es más saludable. Todos coinciden en este punto.

Ahora veamos qué dicen tres de las fuentes más populares en materia de cannabis, escogidas al azar, sobre estas máquinas de vaporizar nuestras hierbas para aspirar el THC en las flotantes microgotitas.

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Un vaporizador, es un dispositivo para la extracción de aceites esenciales, que en lugar de la combustión del material, emplea calor controlado para evaporar las sustancias activas. La temperatura de vaporización siempre está por debajo del punto de combustión, por lo que no se llegan a consumir las sustancias tóxicas producto de esta combustión. Es por lo tanto un método de consumo más saludable, sea de tabaco, hierbas o cannabis y derivados.

Es complicado saber exactamente donde y cuando tiene su origen la vaporización. Los datos más antiguos de los que hay constancia nos remontan al antiguo Egipto, donde durante el siglo quinto a.C., Herodoto, un historiador y geógrafo griego que vivió entre el 484 y el 425 a. C., y considerado como el padre de la Historia en el mundo occidental, relató la antigua práctica de los escitas. “Los escitas toman parte de la semilla de cáñamo y las lanzan sobre las piedras calientes al rojo vivo. Inmediatamente se vaporizan y dan un vapor como ningún otro baño de vapor griego pudiese superar. Los escitas, encantados, dan voces de júbilo.“

Cientos de años más tarde, aproximadamente sobre el 1.000 d.C., surgen las shishas o narguiles en la India y Pakistán. Estos primeros “modelos” eran muy rudimentarios, usaban cáscara de coco como base y se calentaban con carbón de madera, logrando extraer las sustancias esenciales sin combustión.  Shisha de proviene de la palabra persa shishe que significa “vaso”. Narguile por su lado proviene del persa nàrgil, que significa “coco”. No son casualidad los nombres que recibe, como vemos.

Hace unos 500 años los narguile se abrieron paso hacia Turquía, llegando a hacerse muy populares entre los intelectuales y las clases altas. También sufrieron una gran evolución, fabricándose cada vez modelos más complejos y detallistas, verdaderas obras de arte. Se comienzan a usar materiales como el barro y el cristal, siendo el origen de los modelos actuales.

Pasaron varios siglos sin que el mundo de la vaporización sufriera grandes avances, hasta que en la década de 1970 se creó un vaporizador llamado como el Tilt. Según el propio fabricante, en pruebas de laboratorio se pudo comprobar que era capaz de liberar un 79% menos de alquitrán que en una pipa convencional. Desgraciadamente, las leyes en contra de la parafernalia hicieron que se retirase al poco tiempo.

En la década de los años 90, un chamán Cherokee llamado Frank William Wood, más conocido como Eagle Bill Amato y bautizado más tarde como el “padre del vapor”, entraría en escena. Bill Eagle fue introducido en la vaporización de cannabis en 1993 por un productor californiano. Éste empleaba una pistola de calor para vaporizar mezclas aromáticas. Más tarde inventaría el “Shake & Vape”, que se basaba en los antiguos métodos que se usaban en el antiguo Egipto, usando indirectamente el calor para vaporizar. El primer Shake & Vape tenía un diseño muy simple pero efectivo. Consistía en una pipa de vidrio que se calentaba por su parte inferior con una llama para encender la propia sustancia. Hoy en día estos modelos se conocen como Eagle Bill en su honor.

Eagle Bill y su invento sería rápidamente evolucionados, naciendo una industria del vapor que que rápidamente logró consolidarse. En 1994 la empresa canadiense BC desarrolló el fue uno de los primeros vaporizadores eléctricos. Éste primer modelo empleaba el calor por conducción, lo que significa que las mezclas aromáticas están en contacto directo con una superficie caliente, siempre por debajo de la temperatura de combustión.

Un año más tarde, en 1995, un holandés llamado Evert Verdamper, tras haber probado una pipa Eagle Bill, decidió combinarla con agua para conseguir un vapor inhalado más suave. Nacieron así los vaporizadores De Verdamper, donde se combinaban los modelos existentes hasta aquel momento. Usó una base típica de los narguile fabricado en cristal de laboratorio, combinado con la idea del Eagle Bill y con una fuente de calor al estilo del antiguo Egipto. Pero en este caso usando una resistencia eléctrica. Y también un flujo de aire que pasa a través de la hierba que consigue extraer todos los cannabinoides deseados.

En los primeros meses del año 1996, en Alemania, Markus Storz registró la patente del vaporizador Volcano, que permite llenar globos con vapor mediante una unidad calefactada, aunque no sería hasta el año 2000 que se empezó a comercializar. Estas primeras unidades del Volcano incorporaban un termostato que permitía regular la temperatura por niveles.

Año a año y mes a mes, fueron fundándose compañías de vaporizadores hasta llegar a los cientos de modelos que podemos disfrutar hoy en día. ¿Qué nos espera en el mundo de la vaporización en los próximos años? Teniendo en cuenta el gran avance que sufrieron en muy pocos años, el futuro parece muy prometedor.

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VENTAJAS DE VAPEAR HIERBA

Es cierto que algunos aspectos de la vaporización están sobrevalorados, pero no habría tenido tanto éxito si no ofreciera beneficios reales. De hecho, incluso tiene más ventajas de lo que cree la propia gente que vapea.

MÁS SANO

No decimos que sea saludable, sino que en comparación con fumar, vapear es mejor para la salud. El motivo se debe a un factor en concreto: temperaturas más bajas. Como veremos más adelante, el proceso de encender y fumar hierba implica introducir un humo muy caliente en tus pulmones, además de inhalar las sustancias químicas perjudiciales que resultan de la combustión. Con la vaporización, sin embargo, la temperatura del vapor que se inhala es mucho más baja, y las sustancias químicas de la combustión no suponen un peligro.

Mientras que fumar puede perjudicar a la piel con el paso tiempo, vapear podría ser hasta bueno en ese sentido. En lugar de quemar la mayoría de los cannabinoides del cogollo como cuando se fuma, las bajas temperaturas de la vaporización los conservan para que puedas inhalarlos. Además, algunos de estos cannabinoides parecen ser beneficiosos para la vitalidad de la piel, aunque se necesitan más estudios para confirmarlo.

MÁS EFICIENTE

Aparte de todo lo anterior, la vaporización te permite aprovechar al máximo tu hierba o concentrado. Dado que la mayoría de los cannabinoides no se queman, no tendrás que usar la misma cantidad de marihuana para colocarte.

Y cuando termines de vapear, podrás reutilizar las flores para seguir con la fiesta. Si consumes con frecuencia, puedes guardarlas para elaborar una deliciosa cannabutter, con la que preparar comestibles con un toque especial. Ni siquiera tendrás que descarboxilar los cogollos en el horno, puesto que ya han sido activados por el vaporizador. Si prefieres un enfoque más directo, pon las flores en cápsulas y tómalas para experimentar un colocón adicional.

MAYOR CONTROL DE LA TEMPERATURA

Como ya hemos mencionado, las temperaturas bajas son parte de lo que hace que la vaporización sea tan agradable. Y, dependiendo del tipo de vaporizador que tengas, la diversión no acaba ahí. Si tu dispositivo es de una gama entre media y alta, es posible que puedas controlar la temperatura a la que vapeas. Si quieres cambiar la intensidad de tus caladas, o si prefieres obtener ciertos cannabinoides, es una función clave.

SABOR Y AROMA

Además de ser mejor para la salud, vapear produce mejor sabor que fumar. Aunque los terpenos del cogollo se queman casi por completo cuando fumas, con la vaporización permanecen intactos. Se obtiene un sabor pleno, y podrás comprobar si es verdad que tu hierba sabe a chocolate. Como consecuencia, el aroma resultante es mucho menos intenso. De hecho, sobre todo en el caso de los concentrados, apenas desprenden olor, así que tampoco se queda en la ropa ni en los muebles.

EFECTO MÁS LÚCIDO

Por último, aunque es un poco subjetivo, la gente que vapea a menudo afirma experimentar un efecto más lúcido que cuando fuman. Esto podría deberse a que las sesiones de vaporización suelen ser más tranquilas (sin fuego, sin tener que liar porros ni llenar cazoletas), pero también es posible que se deba a la ausencia de sustancias químicas agresivas. O podrían ser ambos factores juntos, además de los que hemos mencionado antes. Independientemente de cuáles sean, vapear suele producir un efecto más lúcido.

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Vaporizar es mejor que fumar

Vaporizar resulta muchísimo mejor que fumar, esa es la realidad. Además, contamos con un cambio de 180 grados en toda la experiencia, ya que podemos unir el interés por fumar con el amor por la tecnología, ya que los vaporizadores actuales son de la más avanzada gama innovadora y ofrecen servicios digitales que van por el control desde una app móvil hasta poder seleccionar configuraciones personalizadas dependiendo de nuestros gustos al vapear.

Sí, vapear. Es una palabra a la que deberías acostumbrarte ya que es con la que sustituimos el “fumar”. Suena hasta más genial y única, ¿no es así? Tú vapeas, yo vapeo, nosotros vapeamos y el mundo vapea. Vapear representa una aproximación más saludable al viejo hábito de fumar, además de que cortamos la dependencia absoluta al tabaco o marihuana, pudiendo vaporizador desde hierbas ancestrales hasta aceites esenciales.

Ciertamente es momento de cortar con el hábito de fumar para siempre. La Organización Mundial de Salud se encuentra constantemente en campañas de concientización para erradicar el mal hábito, algo que cuesta la vida de millones de personas cada año. Los vaporizadores representan la alternativa final, una que dejaría contentos a los defensores de la salud pulmonar, y contentos a los viejos fumadores que desean seguir consumiendo su sustancia favorita de una manera más segura y asequible.

¿Cómo se usa un vaporizador?

Un vaporizador funciona al transformar un líquido en vapor, mediante diversos sistemas de calentamiento. La idea es aplicar una cantidad alta y específica de calor hasta que pueda extraerse un vapor concentrado sin que la sustancia entre en combustión o se queme. Aquí se nota la gran diferencia, pues en un cigarrillo la sustancia se quema y lo que inhalamos es humo dañino, a diferencia de un vapor blanco y puro en los vaporizadores.

Usualmente la temperatura aplicada tiene un promedio de 200 grados centígrados, suficiente para extraer todo el vapor necesario que contiene una sustancia. Si bien existen muchas clases de dispositivos –que detallaremos luego en el mismo artículo- todas cumplen exactamente la misma función. Bien sea electrónico o analógico, digital o manual, la idea es que se extraiga el vapor y sea llevado hasta una boquilla mediante un tubo recubierto especial. Así, damos caladas a través de la boquilla para disfrutar del mejor sabor.

Sustancias que pueden vapearse

Una de las grandes ventajas de los vaporizadores es que no necesariamente debe ser un compuesto sólido del que se pueda extraer vapor, sino que ahora podemos hacerlo con líquidos. De sustancias sólidas podemos hacerlo con el tradicional tabaco, la marihuana en todas sus presentaciones, distintas hierbas clásicas y exóticas que usualmente se hacen para aromatizar.

En líquidos podemos hacerlo con aceites esenciales, nicotina en presentación líquida, glicerina vegetal y en general los líquidos empleados en la aromaterapia. En general existen vaporizadores separados para hierbas secas y para concentrados líquidos, aunque modelos más recientes resulta un híbrido muy interesante para experimentar.

Control personalizado de temperatura

Una de las más grandes bonanzas del uso de un vaporizador es finalmente controlar la temperatura que se aplica a la sustancia a usar. Los cigarrillos convencionales simplemente se queman con fuego, asfixiando al usuario o dando quemadas indeseadas. Ahora, podemos tener una experiencia mucho más placentera y pura, siempre que se sepa usar correctamente.

El primer aspecto a tomar en cuenta es que la configuración a elegir dependerá del tipo de bobina que tenga tu dispositivo. Las bobinas pueden estar hechas de titanio o de níquel, lo cual indicará la resistencia a la temperatura y, más importante, la velocidad en calentar. Es necesario revisar las instrucciones del dispositivo (es un fastidio, lo sabemos) pero esto garantizará mayor calidad de vapeo y mayor durabilidad del vaporizador.

Al tener el tipo de configuración específica que se va a usar, conectamos el atomizador al MOD en el modo “control de temperatura” y la idea es bloquear la base de resistencia en la bobina antes de encenderlo y que comience a calentar. Este bloqueo de la base de resistencia permitirá que toda la información esencial se lleve adecuadamente, ya que recordemos que se trata de un dispositivo electrónico. Por fácil de usar, se debe tener tanto o más cuidado que uno manual.

Como ya mencionamos, la temperatura promedio de calentamiento es de 200 grados centígrados. De igual modo el dispositivo trae todo un rango que suele ir desde 60 grados hasta 240 grados. La idea es que vayas probando cuál temperatura resulta mejor para tu gusto, se trata de toda una experiencia de ir probando y ver cómo te sientes más cómodo.

Conducción Versus Convección

Uno de los más grandes avances de la industria vaporizadora es la diferenciación en los procesos de calentamiento de sustancias. Es también uno de los principales motivos que deben tomarse en cuenta para comprar el vaporizador correcto. En el caso de los vaporizadores que usan conducción, el proceso de calentamiento es el tradicional de calentar el espacio donde se encuentra la sustancia, haciéndolo de modo rápido y con mucho menos consumo de energía o batería. Estos dispositivos son también más económicos, algo que quienes inicien en este nueva onda agradecerían mucho.

El proceso de convección, por otro lado, es mucho más sofisticado. En lugar de calentar el espacio o cámara de calentamiento, toma el aire del exterior y lo calienta dentro del dispositivo. Al calentar el aire que pasa por la sustancia y no la sustancia en sí, se distribuye mucho mejor el calor y se extrae un vapor mucho más puro, denso y concentrado en sabor. Al final se obtienen caladas con un sabor inmejorable, sin quemar nunca el contenido. Por supuesto, son dispositivo de mayor costo que los clásicos, pero con una experiencia bastante superior en comparación.

Fuente de uso de energía

Existen dos tipos de vaporizadores dependiendo el tipo de consumo de energía y carga: los que tienen baterías fijas y los que tienen baterías removibles. Usualmente estos dispositivos emplean baterías de litio, que suponen mayor durabilidad y un nivel de uso mayor que el de carga. Los que emplean baterías fijas pueden usarse mientras se están cargando, permitiendo un mayor tiempo de uso.

Por otro lado, los que poseen baterías removibles ofrecen un uso mucho menos dependiente de las cargas, ya que se puede tener más de una batería y simplemente cambiarlas cuando nos encontremos sin carga. Los tiempos de carga y uso varían entre modelos, usualmente dependiendo del tipo de control de temperatura, la cantidad de sustancias que albergan y si poseen pantallas electrónicas.


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